Salí no se muy bien por que, con lo bien que se estaba en la cama, al lado de la chimenea encendida, acercando me a tu cuerpo y respirando tu aroma.
Salí a pesar del frío y la lluvia que repiqueteaba en los cristales sin persianas, que te acunaban en tus sueños como una nana de un bebe.
Dormías y me encantaba mirarte, pero algo me empujaba hacia la calle. Me vestí me puse la capucha de la chaqueta y salí.
Mis pies iban sin rumbo no se ni aquél lugar me dirigía. Camine entre la maleza que lo cubria todo hasta un viejo puente de piedra, y me asome.
El agua correteaba alegremente, saltando entre las piedras salpicando todo.
Algo se movía entre los arbustos, sus pisadas crujían entre las ramas caídas.
Desde el puente se veía la casa, y nuestra ventana sin luz. contigo durmiendo, arropada bajo las mantas.
Pero estabas allí, justo delante de mi.
Mi cabeza no creía lo que veían mis ojos, estabas ahí. Imposible si estabas dormida.
Me sonreías y me tendiste la mano.
Me acerque y la cogí, estaba fría, helada.
Vestías con un camison blanco y llevabas el pelo suelto, tu piel brillaba entre la oscuridad de la mañana lluviosa.
Caminamos escaleras abajo sin hablar. Te seguía como en un trance.
Nos metimos en el agua y note como me llegaba hasta el estomago, sobrecogiendome, dejandome sin respiracion, Abanzamos hasta que nos llego al cuello y así hasta que nos cubrió, inundando nuestros cuerpos de agua, donde viviremos juntos, unidos eternamente, sintiéndonos agua, corriendo incansables hasta que lleguemos al mar; siendo dos gotas que algun día seremos lluvia y caeremos alegremente al agua del río que nos unió.
Se rompió el jarrón con las cenizas, que había encima de la chimenea.
No se quien lo puso allí, ni a quien se le ocurrió la idea de llevarlo de vacaciones.
Las cenizas de nuestro viejo amigo se mezclaron con el hoyin de las ascuas de la chimenea.
No podíamos dejarlas allí, teníamos que llevarlas de vuelta a su casa, antes del entierro.
La empezamos a recoger, nerviosos.
y poco a poco el recipiente se fue llenando, pero también se llenaron nuestras almas de tristeza.
Una sombra de oscuridad cubrió la casa, nos cubrió a nosotros.
Puertas y ventanas se cerraron, el viento arrecio con fuerza y la soleada mañana se torno oscura y tormentosa.
Golpes sonaban desde todos los rincones, terroríficos quejidos, truenos y relámpago iluminaban el exterior.
Las luces se apagaron.
Una enorme luz osura salio del jarrón de las cenizas, sin forma, solo unos puntos rojizo hacían las veces de ojos.
Creció de tal manera que rodeo todo el salón.
Una nube de humo pidiendo paz, una nube de humo que pedía su descanso.
No podíamos salir, todo estaba cerrado.
No nos hablo, tampoco hizo falta.
La casa volvió abrirse.
En algún lugar de mis recuerdos estoy perdido.
Perdido en una oscuridad que no me pertenece, que no la pedí.
Una oscuridad sedienta de dolor, de almas vacías, muertas.
Perdido en la oscuridad de los sueños, de las pesadillas que atormentan.
Atormentan mi espíritu tratando de desintegrar su fortaleza.
Atormentan mis recuerdos.
Recuerdos guardados en el cajón de la memoria.
Donde se guardan las sonrisas y la calma.
Calma que llega de un extraño lugar, en un momento no buscado.
Calma que trae un momento de alegría al lugar donde me encuentro.
Al lugar que llamamos vida, una vida que habitamos sin saber muy bien como.
Una calma que viene después de la tormenta, de la tempestad.
Una tempestad de sentimientos y locura desatada.
Una calma muerta, sin aire.
Como el descanso en el cementerio de las almas perdidas.
Cementerio en construccion.
Gris como una mañana de tormenta, como un nubarrón en el azul del cielo.
Un azul tan limpio que nos devuelve a la vida.
Como el azul del mar, como el murmullo de las olas, como escuchar a traves de una caracola.
Caracolas mágicas, que traen lo que anhelamos.
Caracolas que nos traen las olas de un mar en calma.
Tumbado, perdido en el silencio de la noche.
En la tenue luz de los recuerdos, de las palabras dormidas.
Al abrigo de una vela que se consume por el fuego, por las llamas.
Llamas como las que arden dentro de mi alma.
Llamas que luchan por quemar recuerdos, por abrirse camino entre la locura, entre la sombra.
La sombra oscura y silenciosa que hunde sus garras en el alma.
En un alma herida, arracando cada pedazo, desgarrando la alegría.
Alegría pasajera como un momento efímero.
Como efímera es la vida.
La vida que se mezcla con los días llenos nostalgia.
Con las noches llenas de nuevas esperanzas.
Pidiendo permiso para pasar, rompiendo la puerta que la mantiene encerrada.
Encerrada en algún oscuro lugar, donde la alegría se niega a entrar.
Donde un resquicio de luz nos abre las puertas del paraíso.
Un paraíso un poco lejano, olvidado entre toneladas de polvo en algún armario.
Nos toca desempolvar el fondo del alma, aunque duela.
Aunque nos queme como la llama de la vela.
Como la llama de la vida.
Una vida que volverá a resurgir, saliendo de su escondite.
De su lugar seguro, rompiendo las cadenas del miedo que lo atan a las sombras de la noche.
Dejo volar los sueños que revolotean perdidos en mi cabeza.
Los busco y los dejo salir, libres.
Tan libres que son capaces de coger cualquier forma.
Tan libres que se osurecen como una sombra.
Una sombra alargada y fria, vacia.
Un vacio tan melancolico que petrifica los corazones.
Corazones de piedra que al ser atravesados se rompen como el cristal.
Miles y miles de pequeñas estrellitas de color plateado que vuelan hacia no sabemos donde.
Tal vez al reino de la noche, donde la realidad se distorsiona hasta convertirse en algo grotesto y sin vida.
Sin esa vida que muchas veces olvidamos vivir y nos abandonamos a la rutina que empobreze nuestas almas.
Sin esa vida que a manos llenas intentamos agarrar y se nos escapa como el agua entre las manos.
Una vida llena de miles de cristales que tenemos que encontrar.
Aunque algunos nos hieran las manos, poco a poco el tiempo los pulira y se uniran al resto.
Para que una vez completo lo guardemos en el lugar del alma, donde las sombras no tienen cabida.
Donde los sueños se transforman y los deseos se hacen realidad.
Dias grises, silenciosos y vacios.
Dias que se van amontonando en el alma, que se clavan en el interior, que lo taladran.
Dias
Y llego el día...
El día que una nube de amarga tristeza lo cubrió todo.
El cielo llora, y con el nosotros.
Nosotros que tantas veces paseamos bajo sus lágrimas hoy compartimos su pena.
Pena que se envuelve en un silencio tan muerto que no deja nacer ni las palabras.
Palabras que una vez nos dijimos.
Palabras felices y tristes.
Palabras alegres y palabras que hieren.
Palabras vacías como miradas perdidas o simples sonrisas en las que sobran las palabras.
Y llego el día. Que pena!!!.
El día en que el destino nos pone a prueba, nos clava en la rueda de la vida y nos hace girar.
Y así estamos hasta que alguna mano nos pare.
Y nos encontramos en el juego de la vida. Como tanto hemos deseado.
Nos encontramos y nos miramos, nos damos la mano y nos besamos, como tantas veces hicimos.
Pero ahora es diferente, el destino nos a puesto a prueba y la hemos superado con exito.
Nos volvemos a encontrar y esta vez es para siempre.
Agradezco a quien te puso en mi camino, agradezco a quien nos volvió a juntar.
Empezó como un juego entre unos amigos. Unas risas y unas botellas de ron.
Era la víspera de todos los santos y los chavales del pueblo se empezaban a disfrazar para halloween.
Truco o trato???.
Nosotros ya bastante mayores necesitabamos emociones un poco mas fuertes.
Así que fuimos cada uno al desván de su casa y cogimos unos trapos viejos para hacernos unos disfraces, un poco terroríficos.
La noche estaba cerrada, no había luna y hacia bastante frío.
Nos pusimos en marcha hacia el antiguo cementerio, abandonado desde hace ya unos cuantos años, y saltamos la verja.
Antes de empezar, preparamos unos cubatas para entrar en calor.
Sentados en las viejas lapidas, helados de frío, aburridos y medio borrachos. no se muy bien a quien se le ocurrió la idea de simular un entierro.
Fuimos buscando entre risas y tragos de alcohol una tumba abierta.
Y justo en la tapia de atrás allí estaba, esperándonos, como la puerta al infierno, llamándonos.
Yo, hice de cura, el mas pequeño de nosotros ( me reservo los nombres), fue el difunto, mientras que los otros cuatro hicieron de enterradores.
Y así empezó todo.
En el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo.
Risas y mas risas....
Estamos aquí reunidos para despedir el cuerpo de ....jajajajajaja.
Mientras yo decía las palabras los otros cuatro amigos pusieron unas sabanas viejas alrededor del cuerpo del mas pequeño de nosotros y comenzaron a bajarlo.
Lo que vino después no lo tengo del todo claro, no se si fueron los efectos del alcohol o alucinaciones. Pero esto fue mas a menos lo que paso.
Cuando comenzaron a bajarle, una ráfaga de aire salio del interior de la fosa y algo, no sabemos muy bien el que atrapo al mas pequeño, que por mas fuerza que hicimos, no fuimos capaces de levantarlo.
Recuerdo sus gritos, sus convulsiones, diciendo que algo le arrastraba al interior, tragandoselo.
Nosotros desde fuera no sabíamos que hacer, lloramos, gritamos, corrimos sin ninguna dirección.
A pesar del frío parecía que la fosa ardía, no se que habría dentro pero nunca lo volvimos a ver.
La lluvia empieza a caer. Lenta, repiqueteando en los cristales.
Sentando en el sofá apago la tele. Me levanto y me acerco a la ventana, mientras el agua dibuja ríos en el empañado cristal.
Sin prisa paso la mano para quitar el vaho.
La calle mojada y oscura. Vacía.
Meto las manos en los bolsillos del pantalón mientras un escalofrío recorre mi cuerpo.
Fue una noche como hoy.
Lloro mientras te recuerdo.
Abro la ventana para dejar que la lluvia y el aire te lleven mis lágrimas.
Lloro en silencio, ahogando el dolor que me inunda desde aquella vez, la ultima vez que te vi con vida.
Siento el frío de la noche devorandome el corazón, intentando robarme la poca vida que aun me queda.
Las gotas de agua mojan mi cara, ya no se que cual son mis lágrimas...
Miro hacia dentro del salón, intacto. Tal y como tu lo dejaste, inamovible, lleno de una impenetrable tristeza que se ha apoderado de todo, como una sombra oscura.
Cojo la chaqueta y salgo a la calle.
Camino bajo la lluvia por calles solitarias y vacías.
Empapado, me siento en el suelo, en el mismo lugar donde nos besamos por primera vez.
Mi cabeza vuela en recuerdos, sonrío, lloro, sueño....
Saco la vieja navaja del bolsillo y la dejo que acaricie mis muñecas frías y mojadas.
Siento el frío acero arrancándome el aliento, arrancándome la vida.
Mi sangre se mezcla con el agua de mis lágrimas y con el de la lluvia.
Una farola ilumina mi muerte, solo como tu.
Como aquella noche igual que esta que te encontré dormida para siempre en la bañera, con el agua teñida de rojo, con tu cuerpo helado.
Te veo acercarte desde la luz. Me sonríes y me hablas, No tengas miedo, me dices.
Yo también sonrío y te tiendo la mano.
Me abrazas y me siento feliz.
Como hemos cambiado!!!.
Eso decía una vieja canción, y que razón tenían.
Como pasa el tiempo para todos aunque parezca que para nosotros nunca llegara el día.
Y no solo me refiero al día en que nos encontrmos aquí en mi viejo cementerio, recordando tiempos mejores.
Tiempos en los que fuimos capaces de tocar, de ver , de oler, de sentir... pero sobre todo de amar.
Todos en algún momento de nuestra vida amamos y nos enamoramos. Queremos a nuestras mascotas y a nuestros amigos. Y somos los mas felices del mundo amando a nuestra mujer en mi caso y a nuestros hijos.
Pero hay momentos en que la vida nos pone pruebas muy duras, como enfrentarnos a una separación, a la soledad, a la nada.
Tanto tiempo ha pasado ya desde aquél día en que dijimos si quiero.
Tanto tiempo lleno de alegrías y penas, de caricias compartidas, y de largos y tristes silencios.
Como hemos cambiado, te acuerdas?.
De la alegría a la tristeza.
En lo bueno y lo malo.
De los sueños a las pesadillas.
En la salud y la enfermedad.
Del amor al infierno.
Hasta que la muerte nos separe.
Y aquí, en mi ataúd hundido bajo el peso de la arena, cubierta por una lapida en la que alguien de vez en cuando deja una rosa, y escucho la alegre melodía de la risa de dos niños. Espero, impaciente el momento en el que nuestras almas se vuelva a unir y nunca se vuelvan a separar.
Que nuestras almas unidas descansen eternamente en paz.
La cabeza llena de locuras hacia imposible que durmiera.
Hacia calor, las chicharras cantaban sin parar, me gire a mirar la hora.
Las 3 de la madrugada!!!.
Me levante a la cocina para beber un vaso de agua y me senté el sofá.
No recuerdo bien si me quede traspuesto o no llegue a dormirme, pero esto fue lo que me paso.
Como ya he dicho me senté en el sofá, pero algo hizo que me levantase y saliera a la calle.
Era una de esas noches de verano, en las que siempre hay alguien por la calle.
Camine, sin rumbo fijo. Con la cabeza embotada de cosas extrañas hasta que llegue al parque.
Oscuro, vacío,.
seguí mi camino que me llevo hacia un lugar repleto de arboles en que ni durante el día penetraba la luz del sol.
Me senté y apoye la espalda en un tronco, cuando algo levanto un torbellino de hojas esparcidas por el suelo.
No hacia aire, solo un calor sofocante.
Me sorprendí, pero seguí sentado en el mismo lugar cuando justo detrás de mi ocurrió lo mismo. un remolino de hojas volvía a levantarse movido por el viento. Un viento que no existia.
Me intente incorporar, pero no pude algo me anclaba a la tierra.
Las raíces del viejo tronco me habían agarrado las manos y los pies.
Intente escapar, pero era imposible. Aquellas raíces viscosas llenas de una extraña resina parecían sacadas del infierno.
Intente gritar, pero una rama me agarro por el cuello ahogando el grito.
Atrapado, sin poder moverme y sin gritar, no se cuanto tiempo estuve así.
Otra vez el viento volvió a levantarse la hojas se arremolinaban delante de mi formando una extraña figura.
Parecía una mujer gris, amarillenta como las hojas del otoño. Con los ojos cerrados.
Se acerco lentamente y toco mi cara llena de un sudor frío.
Toco mis ojos y sonrió.
Me desperté en el suelo de casa. Y mi mente limpia de miedos y locuras también sonreía.
La fotografía post-morten, nace poco después que la fotografía en París, y fue un movimiento que se extendió rápidamente por todo el mundo.
Esta practica consistía en vestir a un cadáver con su ropa y reunir a familiares, amigos o bien retratarlo individualmente.
Este arte tiene sus orígenes en el renacimiento, donde ya se retrataba a los difuntos por medio de la pintura en el llamado "memento mori".
En la fotografía post-morten podemos encontrar los artilugio de los que se servían los fotógrafos para embellecer la imagen.
En algunos casos se maquillaba al difunto, o se coloreaba a mano.
Hay imagenes de difuntos "cenando" con sus familiares, bebes en sus carritos, en el regazo de sus padres o con sus juguetes. Abuelos con sus elegantes trajes sujetandose en su bastón. Los relojes de mano mostraban la hora de la muerte.
Los retratos mortuorios privados podrían encuadrarse en 3 categorías:
-simulando vida: el difunto se colocaba con los ojos abiertos y simulando tareas de la vida cotidiana.
-simulando estar dormido: este tipo de retrato se utilizaba con niños, en un sueño del que se esperaria que despertase. también se ponía a los padres para hace mas real el retrato.
-Sin simular nada: se les fotografiaba en su lecho de muerte con flores como único ornamento.