Una vez mas llega otro año a su fin.
Y como no podia ser menos desde el cementerio tambien lo celebramos.
Cuando el torreon de la iglesia que esta a la salida comience a tocar los cuartos, prepararemos nuestra cuenta atras. No tenemos uvas, por que estamos muertos. jejeje.
Y cada campanada un numero menos hasta llegar la uno y de alli gritar todos juntos....
¡¡¡FELIZ AÑO!!!.
Muchisima suerte a todos, mucha paz, trabajo, salud y sobre todo mucho amor.
Siento como me arrancan las partes de mi cuerpo que aun quedan con vida.
A tirones, a dentelladas. Robando las gotas de sangre que poco a poco se consumen.
En una tenebrosa maraña de sueños fundidos entre los recuerdos.
Unos recuerdos que duelen que parecen clavarse en el alma y cristalizar mi sangre.
Sangre ennegrecida por el sufrimiento de los días, por el dolor de los silencios y la melancolía de la indiferencia.
Una indiferencia que me regalas cada día, cada segundo que consumes como la arena en un reloj.
El reloj del tiempo que nos machaca y nos ahoga hasta asfixiarnos.
Asfixiandonos hasta la hora de la muerte.
Una muerte que nos va a llegar sin miramientos, sin suplicas.
Una muerte fría y silenciosa, como las almas que vagan solas buscando su lugar en un tiempo que no les pertenece, en un tiempo que les queda grande.
Un lugar tan alejado de su antiguo hogar, de su abandonada sepultura.
De una tumba fría y solitaria como la propia muerte.
Fría y solitaria como me encuentro yo.
Esperando salir de tu indiferencia mientras me arrancas la vida con tu mirada.
Se acababan de mudar a aquella vieja casa en las afueras del pueblo.
Llevaba años desabitada debido a una negra leyenda.
Los nuevos inquilinos una pareja joven con una niña de unos 5 o 6 años, no creían en esos cuentos de brujas, y la casa les pareció una pasada para el precio tan bajo que tenia.
Los días pasaban rellenando los meses del calendario y antes de que llevasen el primer año unos golpes empezaban a sonar en la habitación de la niña.
POM, POM ,POM...!!!.
La pequeña se despertó sobresaltada llamando a su mama.
La madre fue a consolarala y se durmió otra vez.
Así fue pasando el tiempo y todas las noches sonaban los golpes.
Pero una noche fue diferente.
Acababan de cenar los padres mientras la pequeña se acababa de dormir. Cuando los golpes dejaron paso a unos gritos de terror.
La madre subió corriendo y abrió la puerta. Se encontró a a la niña apollada en la pared con su osito apretado contra su pecho.
Nada mas ver a su madre se abalanzo sobre ella.
En el quicio de la puerta una extraña vieja con una macabra sonrisa miraba la escena.
Apoyada en su bastón, se puso a andar en dirección a la cama de la niña.
Se sentó en un taburete de la habitación mientras la pequeña no paraba de gritar.
La madre no podía verla, pero de pronto un olor nauseabundo impregno la habitación.
La puerta se cerro de golpe y la vieja comenzo a acariciar los pies de la niña que se retorcía en los brazos de su madre.
Dame el muñeco. dijo la vieja.
La niña lo soltó, entre los gritos de la madre, que escucho la voz de la vieja bruja.
El padre golpeaba la puerta sin poder abrirla. todo eran gritos y mucho miedo.
De repente la puerta se abrió, mientras el padre pasaba al interior de la habitación.
La vieja salia arrastrando el osito y cantando una canción.
Aqui tambien ha llegado la Navidad.
Aunque muchos de vosotros creais que un cementerio es un lugar triste y sombrio, hay algunas veces a lo largo del año que los que aqui "vivimos". Tambien tenemos nuestros ratos de diversion.
Asi que desde mi cementerio os deseo que paseis unas muy felices fiestas de Navidad en compañia de todos vuestros seres queridos. Paz Y sobre todo mucho Amor.
¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!.
Tormenta de terror que arrasa mi alma.
Truenos me atraviesan a cada segundo, cada instante.
El vacío paso y ya no me queda nada, ni la triste indiferencia de tu mirada.
La tempestad que se traga los barcos, arrastrándolos a la muerte.
Arrastrándolos a una condena bajo el agua, condenados al silencio.
El silencio que viene tras el trueno y que se convierte en luz.
Luz de esperanza o de destrucción en forma de rayo.
Rayos que salen desde desde mi alma a ninguna parte
Rayos que me producen desasosiego.
Rayos que destruyen mi cabeza en medio de la tormenta.
El silencio, el vacío, la nada...
Arrasando todo y destruyéndome.
La tormenta, caía desde lo mas profundo del oscuro cielo.
Yo que una vez fui la reina de todo estoy bajo la lluvia fría, sola, olvidada.
Jure venganza y la tengo en mi mano.
Abro la puerta de roble, atravieso la sombría habitación. Mi alargada sombra llega casi a la pared iluminada por una oscura luna.
Siete puñales llevo guardados.
Uno atravesara su frente.
el segundo su corazón.
El tercero le arrancara el alma.
El cuarto le llevara al mundo de las sombras.
Arrebatare su vida como el mi quito la paz.
El quinto abrirá su pecho,como un abrazo mortal.
El sexto Quitara mi vida.
Y con mi ultimo puñal nos uniremos, atravesando la siniestra linea de la muerte.
La pequeña nació muerta.
Se la llevaron a un oscuro lugar para que nadie supiera donde se encontraba su cuerpo.
Caminaron noches enteras en busca de algún sitio en el que poder enterrar a la niña.
Llegaron a un pequeño bosque sombrío, la luz del sol brillaba entre las copas de los arboles, pero no se atrevía a calentar el suelo.
Se miraron y la madre que la llevaba en brazos todo el camino la bajo al suelo. El padre se quitó la mochila de la espalda y saco una pequeña pala.
Unas dos horas estuvo cavando para hacer una buena tumba a su niña.
La madre la envolvió y la metieron en un pequeño baúl de madera que tenían en su casa.
Allí la enterraron, entre lamentos y sollozos.
Allí se quedo la pequeña fría y sola. pero no por mucho tiempo.
Una vieja que merodeaba por el bosque lo vio todo, y espero que los padres se marcharan para sacar el cuerpo de la pequeña.
Arrastras llevo el pequeño baúl a su casa, cerca de allí.
Lo abrió y saco el cuerpo sin vida. Lo metió en un caldero que tenia preparado junto al fuego y lo puso a calentar, echando una gran cantidad de brebajes y pronunciando palabras en un antiguo idioma.
En cuanto el hechizo hizo su efecto y el caldero se calentó, la niña comenzo a llorar. La vieja bruja sonrió y corrió a cogerla.
Paso el tiempo y el bebe fue creciendo hasta convertirse en una niña preciosa.
Llego el día en que la niña y la vieja fueron al pueblo en el que vivían los padres de la pequeña, la bruja había enseñado a la niña todo lo que sabia y la inculco el odio a las personas.
Cuando entraron en una tienda la niña y su madre se miraron fijamente, como si se conocieran, como si su vinculo de unión no se hubiera perdido.
La vieja cuando se dio cuenta agarro a la niña y la hablo al oído. La niña saco un enorme cuchillo de su vestido y se lo clavo a su madre en el corazón.
Justo en ese momento la pequeña cayó al suelo igual que la madre, la bruja grito y blasfemos palabras extrañas, pero la pequeña no reaccionaba, había muerto junto con su madre.
Salí no se muy bien por que, con lo bien que se estaba en la cama, al lado de la chimenea encendida, acercando me a tu cuerpo y respirando tu aroma.
Salí a pesar del frío y la lluvia que repiqueteaba en los cristales sin persianas, que te acunaban en tus sueños como una nana de un bebe.
Dormías y me encantaba mirarte, pero algo me empujaba hacia la calle. Me vestí me puse la capucha de la chaqueta y salí.
Mis pies iban sin rumbo no se ni aquél lugar me dirigía. Camine entre la maleza que lo cubria todo hasta un viejo puente de piedra, y me asome.
El agua correteaba alegremente, saltando entre las piedras salpicando todo.
Algo se movía entre los arbustos, sus pisadas crujían entre las ramas caídas.
Desde el puente se veía la casa, y nuestra ventana sin luz. contigo durmiendo, arropada bajo las mantas.
Pero estabas allí, justo delante de mi.
Mi cabeza no creía lo que veían mis ojos, estabas ahí. Imposible si estabas dormida.
Me sonreías y me tendiste la mano.
Me acerque y la cogí, estaba fría, helada.
Vestías con un camison blanco y llevabas el pelo suelto, tu piel brillaba entre la oscuridad de la mañana lluviosa.
Caminamos escaleras abajo sin hablar. Te seguía como en un trance.
Nos metimos en el agua y note como me llegaba hasta el estomago, sobrecogiendome, dejandome sin respiracion, Abanzamos hasta que nos llego al cuello y así hasta que nos cubrió, inundando nuestros cuerpos de agua, donde viviremos juntos, unidos eternamente, sintiéndonos agua, corriendo incansables hasta que lleguemos al mar; siendo dos gotas que algun día seremos lluvia y caeremos alegremente al agua del río que nos unió.
Se rompió el jarrón con las cenizas, que había encima de la chimenea.
No se quien lo puso allí, ni a quien se le ocurrió la idea de llevarlo de vacaciones.
Las cenizas de nuestro viejo amigo se mezclaron con el hoyin de las ascuas de la chimenea.
No podíamos dejarlas allí, teníamos que llevarlas de vuelta a su casa, antes del entierro.
La empezamos a recoger, nerviosos.
y poco a poco el recipiente se fue llenando, pero también se llenaron nuestras almas de tristeza.
Una sombra de oscuridad cubrió la casa, nos cubrió a nosotros.
Puertas y ventanas se cerraron, el viento arrecio con fuerza y la soleada mañana se torno oscura y tormentosa.
Golpes sonaban desde todos los rincones, terroríficos quejidos, truenos y relámpago iluminaban el exterior.
Las luces se apagaron.
Una enorme luz osura salio del jarrón de las cenizas, sin forma, solo unos puntos rojizo hacían las veces de ojos.
Creció de tal manera que rodeo todo el salón.
Una nube de humo pidiendo paz, una nube de humo que pedía su descanso.
No podíamos salir, todo estaba cerrado.
No nos hablo, tampoco hizo falta.
La casa volvió abrirse.
En algún lugar de mis recuerdos estoy perdido.
Perdido en una oscuridad que no me pertenece, que no la pedí.
Una oscuridad sedienta de dolor, de almas vacías, muertas.
Perdido en la oscuridad de los sueños, de las pesadillas que atormentan.
Atormentan mi espíritu tratando de desintegrar su fortaleza.
Atormentan mis recuerdos.
Recuerdos guardados en el cajón de la memoria.
Donde se guardan las sonrisas y la calma.
Calma que llega de un extraño lugar, en un momento no buscado.
Calma que trae un momento de alegría al lugar donde me encuentro.
Al lugar que llamamos vida, una vida que habitamos sin saber muy bien como.
Una calma que viene después de la tormenta, de la tempestad.
Una tempestad de sentimientos y locura desatada.
Una calma muerta, sin aire.
Como el descanso en el cementerio de las almas perdidas.
Cementerio en construccion.
Gris como una mañana de tormenta, como un nubarrón en el azul del cielo.
Un azul tan limpio que nos devuelve a la vida.
Como el azul del mar, como el murmullo de las olas, como escuchar a traves de una caracola.
Caracolas mágicas, que traen lo que anhelamos.
Caracolas que nos traen las olas de un mar en calma.
Tumbado, perdido en el silencio de la noche.
En la tenue luz de los recuerdos, de las palabras dormidas.
Al abrigo de una vela que se consume por el fuego, por las llamas.
Llamas como las que arden dentro de mi alma.
Llamas que luchan por quemar recuerdos, por abrirse camino entre la locura, entre la sombra.
La sombra oscura y silenciosa que hunde sus garras en el alma.
En un alma herida, arracando cada pedazo, desgarrando la alegría.
Alegría pasajera como un momento efímero.
Como efímera es la vida.
La vida que se mezcla con los días llenos nostalgia.
Con las noches llenas de nuevas esperanzas.
Pidiendo permiso para pasar, rompiendo la puerta que la mantiene encerrada.
Encerrada en algún oscuro lugar, donde la alegría se niega a entrar.
Donde un resquicio de luz nos abre las puertas del paraíso.
Un paraíso un poco lejano, olvidado entre toneladas de polvo en algún armario.
Nos toca desempolvar el fondo del alma, aunque duela.
Aunque nos queme como la llama de la vela.
Como la llama de la vida.
Una vida que volverá a resurgir, saliendo de su escondite.
De su lugar seguro, rompiendo las cadenas del miedo que lo atan a las sombras de la noche.
Dejo volar los sueños que revolotean perdidos en mi cabeza.
Los busco y los dejo salir, libres.
Tan libres que son capaces de coger cualquier forma.
Tan libres que se osurecen como una sombra.
Una sombra alargada y fria, vacia.
Un vacio tan melancolico que petrifica los corazones.
Corazones de piedra que al ser atravesados se rompen como el cristal.
Miles y miles de pequeñas estrellitas de color plateado que vuelan hacia no sabemos donde.
Tal vez al reino de la noche, donde la realidad se distorsiona hasta convertirse en algo grotesto y sin vida.
Sin esa vida que muchas veces olvidamos vivir y nos abandonamos a la rutina que empobreze nuestas almas.
Sin esa vida que a manos llenas intentamos agarrar y se nos escapa como el agua entre las manos.
Una vida llena de miles de cristales que tenemos que encontrar.
Aunque algunos nos hieran las manos, poco a poco el tiempo los pulira y se uniran al resto.
Para que una vez completo lo guardemos en el lugar del alma, donde las sombras no tienen cabida.
Donde los sueños se transforman y los deseos se hacen realidad.